La tía Amanda, Ana, tuvo una gran influencia en su vida cuando ella era pequeña. “Siempre fue especial para mí porque de joven pasé mucho tiempo con la tía Ana”, dice Amanda de la hermana de su madre, que no tenía hijos propios. “Cuando era pequeña, la visitaba los fines de semana y siempre nos divertíamos mucho”.

A medida que Amanda creció hasta la edad adulta, se mantuvo cerca de su tía favorita, visitándola tan a menudo como pudo. El viaje a la casa de Ana en Santander no fue fácil, pero Amanda sabía que el largo viaje desde su casa en Cáceres, valía cada minuto.

Declinación de Ana

Durante las navidades de 2017, Amanda hizo su viaje habitual a la casa de su tía, pero esta vez, algo no parecía estar bien. Ana, ahora tiene setenta años, solía ser sociable y comprometida, pero ese día parecía distante y olvidadiza. Quizás el descubrimiento más inquietante para Amanda, sin embargo, fue la apariencia física de su tía. “Tía Ana”, jadeó. “¡Has perdido mucho peso!”.

la importancia del primer paso para ayudar

Insegura de qué hacer, Amanda condujo a su casa en Cáceres después de las vacaciones, pero no pudo evitar sentirse aterrada. ¿Y si la tía Ana deja de comer? Pensó. ¿Y si no puede pedir ayuda? “Me preocupaba que no estar a su lado”, recuerda. “Fue una sensación terrible estar tan lejos”.

Entonces, a la mañana siguiente, Amanda llegó a Cáceres. “Me di cuenta de que tenía que volver para conseguirle ayuda”, dice. Esta vez, jugó al detective, haciendo preguntas tácticas sobre la salud de su tía y examinando la casa. Al final resultó que no se habían pagado las facturas, la compañía telefónica había enviado un aviso de corte de la línea y el gato había desaparecido.

“¿Donde esta el gato?”– le preguntó Amanda.

“Murió”, respondió su tía. Más tarde, Amanda encontró al gato -de hecho muerto- metido en una bolsa de plástico en el baño, junto a un calefactor que había sido enchufado y quedó en mal estado durante semanas.

Aún más alarmante fue el estado de la nutrición de Ana. “Comencé a contar plátanos”, explica Amanda. “Dijo que comía uno cada mañana con el desayuno, pero yo traje cinco el lunes y el viernes todavía habían cinco plátanos en la cocina”.

Otras personas habían estado en su casa, pensó Amanda para sus adentros, ¿por qué no habían notado el olor o habían sido advertidas de los problemas de salud de la tía Ana? Estaba indignada porque nadie más hacia algo para ayudarla, recuerda. Pero no había tiempo para señalar con los dedos, era hora de actuar. “Nadie más estaba ayudándola, así que lo hice”, declara. “Fue una emergencia de cuidado para mayores”.

Encontrando la ayuda perfecta

Incluso a pesar de las protestas de su tía, Amanda la alentó a ver a un médico. Pero cuando llegó para recoger a su tía para la cita, se encontró con ira y frustración. “¿Qué estás haciendo?” Ana preguntó, con una mirada horrorizada en su rostro. “¿Me llevas a un asilo de ancianos?”
“No, no te llevaré a una residencia”, le aseguró Amanda. “Pero tenemos que hablar de esto. Algún día todos tendremos que alejarnos de nuestras casas, incluso yo, y tenemos que hablar de ello porque no sé lo que quieres”.

“Bueno, no quiero moverme”, Ana respondió enfáticamente, cerrando la puerta a una mayor discusión.

En la cita con el médico, el médico examinó a la anciana y decidió que padecía las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer. Mientras su mente sufría, su cuerpo no estaba mucho mejor. “Sus dientes estaban en una estado terrible”, dice Amanda. “Eran malolientes e se encontraban infectados”. Como resultado, el médico la alentó a que un dentista le quitara los dientes y él le advirtió: “Si pierde más peso, tendrá que ser hospitalizada”.

Amanda sabía que había una decisión difícil por delante. “Me di cuenta de que necesitaba abandonar su hogar”, dice. Preparada para una protesta, Amanda llamó al ayuntamiento y habló con un asistente social. “Quería saber cuáles eran mis derechos y cuáles eran los suyos”, explica. “Si ella no quería mudarse, no estaba segura de lo que iba a hacer. Pensé que tal vez cooperaría con alguien en un rol profesional”.

Pero al final, ese tipo de amor duro no fue necesario. “Me cuidaste cuando era pequeña, tía Ana, y ahora es mi turno de cuidarte”, explicó Amanda. “Solo quiero que estés en un ambiente seguro y saludable”. Para su sorpresa, Ana accedió a mudarse a una instalación de vida asistida después de su cirugía dental.

La ayuda de los Consultores Senior de topMAYORES

Mientras que la mitad de la batalla había terminado, Amanda ahora se enfrentaba al desafío de encontrar el hogar adecuado para su tía. Una empleada de los servicios sociales del ayuntamiento le contó a Amanda sobre el tipo de ayuda de cuidado para personas mayores que ofrece topMAYORES. Poco después, contactó con Bego, Consultora Senior de topMAYORES.es.



“Al principio era escéptica”, recuerda Amanda. Durante tanto tiempo ella había estado manejando las necesidades de su tía por sí misma. ¿Podría confiar en esta persona para ayudarla a encontrar el hogar adecuado para Ana? Ella se preguntó.

“Amanda dudaba porque no sabía de qué se trataba”, recuerda Bego. “Le expliqué nuestro servicio de referencia de atención a personas mayores y no la presioné, solo me ofrecí a ayudarla. La situación de Amanda era difícil porque ella vive en Cáceres y su tía estaba en Santander. Decidimos analizar todas las residencias para mayores en las dos ubicaciones, tanto en Santander como en Cáceres”.

Amanda visitó las instalaciones y se decidió por una pequeña residencia con pocas camas especializada en pacientes con Alzheimer.
Bego dice que ver a un miembro de la familia preocupado por el escepticismo inicial, la preocupación y el miedo es lo que hace que su trabajo sea tan gratificante. “Este fue un gran ejemplo de una familia muy vacilante con una necesidad muy real”, señala. “Con un poco de paciencia y perseverancia, pude ayudarlos a encontrar la solución perfecta”.

“Sentí que podía llamar a Bego y compartir cualquier problema que tuviera y ella me señalaría en la dirección correcta”, dice Amanda. “Fue genial tener ese tipo de ayuda”.

Después de mudarse a su nueva residencia, la salud de Ana ha progresado significativamente, junto con su calidad de vida. “Ha ganado peso, bromea con los residentes y el personal y ya no está sentada en casa y dando vueltas por la casa”, dice Amanda.

Mirando hacia atrás, Amanda cree que Ana ha recorrido un largo camino. “Solía ​​llorar en mi vuelta a casa después de visitar a mi tía”, dice. “Pensé que la estaba perdiendo. Ella estaba cambiando y yo era consciente a dónde estábamos llegando”. Pero gracias a un espíritu determinado -y a la ayuda de topMAYORES- ella dice que el resultado ha sido mejor de lo esperado.

Hoy, Amanda ofrece consejos a otras personas en situaciones similares, ya sea para cuidar a un padre u otro ser querido. “Solo da el primer paso”, dice ella. “Una vez que lo haces, las piezas simplemente se juntan. No podría haber vivido conmigo misma si algo le hubiera pasado a mi tía. Puede dar miedo, pero solo tienes que hacerlo. Y hay personas que pueden ayudarte”.

Silvia autora en el blog de topMAYORESQuién ha escrito este artículo:

“Soy Silvia, psicóloga especialista en Psicogerontología y en Ansiedad y Estrés. Me encanta la psicología y principalmente, su relación con temas de salud, algo habitualmente olvidado y la investigación. En topMAYORES intentaré colaborar con la elaboración de artículos relacionados con temas de cuidados y salud, que puedan ser de tu interés, así como otro tipos de artículos relacionados con los mayores. Me tenéis a vuestra entera disposición para sugerencias en relación a aquellos temas de los que os gustaría conocer más cosas. Un saludo.”

Silvia Hernández, psicóloga especialista en Psicogerontología



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