Vivir en una residencia de mayores

Toca ir vivir en una residencia de mayores: la importancia de evitar caer en engaños, falsos mitos y culpas

  • El proceso es duro para cualquier persona mayor ya que no solo se deja su casa, sino también los recuerdos que alberga y una etapa importante de la vida.
  • El INE estima que en el año 2050 las personas mayores de 65 años serán el 30% de la población.

El envejecimiento de la población española es una realidad desde hace ya varios años.

En nuestro país se ha duplicado el número de personas mayores de 65 años en menos de tres décadas y ha aumentado en más de un millón en una década. Por lo tanto, este grupo de edad supone el 18,5% de nuestra sociedad o lo que es lo mismo más de ocho millones de personas.

Por su parte, el Instituto Nacional de Estadística (INE) estima que en el año 2050 – es decir, en menos de tres décadas- las personas mayores de 65 años serán el 30% de la población (casi 13 millones) y los octogenarios llegarán a ser más de 4 millones, es decir, un 30% de esa población mayor. España es, de hecho, el país más envejecido del mundo en las proyecciones para 2050 de la Organización de Naciones Unidas.

Este envejecimiento de la población pone de manifiesto, una vez más, el papel de las residencias como lugar de acogimiento para un alto porcentaje de estas personas: una estimación de la plataforma Envejecimiento en Red indicaba que en 2019 vivían por término medio en residencias de mayores 322.180 personas de 65 y más años, de las cuales el 79% tenía 80 o más años.

Vivir en una residencia de mayores

Pero, ¿cómo afronta una persona mayor a nivel psicológico el proceso de abandonar su hogar para irse a una residencia? ¿Y cómo afecta también a nivel emocional a sus familiares?

Los expertos señalan que este proceso de institucionalización (cuando la plaza se solicita de forma permanente) es duro para cualquier persona mayor ya que no solo se deja su casa, sino también los recuerdos, una etapa importante de la vida y el proyecto ideal de envejecer en ese hogar.

Por todo ello, se convierte en prioridad que antes del ingreso (o lo que comúnmente se conoce como etapa de preingreso) la persona pueda tomar conciencia de la situación, conocer a los profesionales que le van a cuidar, charlar con otros residentes con los que va a convivir y prepararse mentalmente a la nueva situación y nueva etapa de vida que va a vivir. Según dicen todos los expertos, los cambios de pautas de vida (horario, comidas, actividades…) se asumen mucho mejor cuando no se ven como una imposición y cuando la persona conoce de antemano las condiciones y puede elegir.

Sin engaños.

En el caso de que sea la familia la que haya tomado la decisión del ingreso, los expertos en geriatría insisten en que es muy importante no engañar a la persona mayor. En ocasiones las familias por el propio sentimiento de culpabilidad le dan falsas expectativas y le anuncian que van a permanecer en la residencia solo por una temporada. Sin embargo, los especialistas indican que aunque exista deterioro, con el tiempo la persona anciana es consciente de que la situación se prolonga, lo que conlleva cierto malestar porque la familia no ha sido transparente y no ha sido capaz de abordar la situación.

Por su parte, la decisión de ingresar a un familiar en una residencia es una de las más difíciles de tomar por las implicaciones emocionales que conlleva: sentimientos de abandono, de culpa, de impotencia… De hecho, un estudio de Sanitas Mayores elaborado en 2016, coincidió en resaltar que en la mayoría de los casos estos sentimientos de culpa y abandono son uno de los principales motivos por los que las familias posponen la decisión de ingreso el máximo tiempo posible. Un 62% de las familias retrasan el ingreso porque creen que su familiar prefiere continuar viviendo en casa. Cuatro de cada diez sienten que están abandonando a su familiar y más de un tercio tiene sentimientos de culpa.

Para Envejecimiento en Red, conocer los motivos por los que vivir en una residencia de la tercera edad aporta tranquilidad y seguridad.

Puede ayudar a dar el paso, tanto la persona mayor que está sopesando el cambio como a sus familiares. Se trata de ver las ventajas y beneficios que ofrecen estos centros en esta etapa avanzada de la vida. Uno de ellos sería el abanico de servicios que se ponen al alcance de los usuarios para darles la mayor calidad de vida: tanto de personal humano especializado como de actividades que cubren todas las áreas de una persona – social, cognitiva y física- para seguir potenciando y/o manteniendo las capacidades de los ancianos.

Por otro, la preservación de un envejecimiento activo a través de la estimulación constante gracias a un diseño arquitectónico que favorece al máximo la autonomía y funcionalidad de las personas ancianas, las actividades para conocer y relacionarse con su entorno más cercano así como con las nuevas generaciones e, incluso, el uso de nuevas tecnologías para la estimulación de la persona mayor.

Los expertos aconsejan desterrar por completo algunos mitos extendidos durante años como el de que la vida de una persona acaba cuando ingresa en una residencia.

La solución pasa por perder el miedo o respeto a este ingreso sabiendo que la realidad interna de las residencias en la actualidad es muy diferente, ya que en estos centros la vida continúa y sigue habiendo mucho tiempo por delante para aprender y compartir vivencias con los iguales.

Cada vez más, las residencias geriátricas y centros de día consideran que conocer la historia de vida de las personas que ingresan es importantísimo para poder proporcionar una atención integral y centrada en la persona. A través de la historia de vida se  busca conocer los gustos, aficiones, costumbres, miedos, preferencias… de las personas que se atienden y facilita dar una atención individualizada, que respete la trayectoria de vida de los residentes basándose en que cada persona es única y por tanto su atención deberá ser acorde a ella misma.

A esto habría que añadir el valor de una residencia como medio para evitar la soledad, considerada uno de los grandes males de la sociedad actual y un gran hándicap para las personas mayores que les provoca un aumento de la dependencia, más probabilidades de sufrir enfermedades y un incremento de la posibilidad de sufrir algún deterioro cognitivo. En este sentido, desde las residencias se hace un trabajo constante para evitar tanto la soledad como el sentimiento de sentirse solo a los residentes fomentando unidades de convivencia muy enfocadas a acercar gustos comunes y afinidades y generar nuevas amistades.

En este proceso de aceptación también puede ser muy importante la sensación de seguridad y protección que puede aportar una residencia a sus habitantes gracias a su personal cualificado o una atención médica continuada. El proceso de envejecimiento, en muchos casos, va acompañado de pensamientos en los que la persona mayor no se siente capaz de proporcionarse dicha seguridad por sí sola.

El sentimiento de culpa de los familiares.

Los especialistas señalan que sentimiento de culpa aparece cuando se produce un choque entre el modelo ideal de conducta interiorizado y lo que se hace en realidad. Por ello, los cuidadores a menudo sienten que llevar a la persona a una residencia es una traición. Hay una sensación de que se ha dejado abandonada a la persona o de que se podrían haber hecho cargo de ella por más tiempo.

También es habitual que en los casos en la que la persona ingresa en la residencia con una actitud poco colaboradora o incluso en contra de su voluntad, las dudas y los sentimientos de culpa se hagan aun mayores. Este tipo de situaciones son habituales en cuadros de demencia y Alzheimer, especialmente en sus fases más precoces. En estos casos suele iniciarse una lucha entre lo que dicta la razón (el enfermo necesita cuidados profesionales y estará mejor atendido) y lo que se siente (que no somos buenos hijos, por ejemplo). ¿Qué podemos hacer para que la experiencia sea lo menos traumática posible?

Los expertos recomiendan tener en cuenta que el ingreso no significa abandono sino una forma diferente de cuidar donde la participación del hasta ahora cuidador o cuidadores sigue siendo muy importante.

Se trata de seguir pasando tiempo juntos que ahora va a ser menos estresante y menos centrado en preocupaciones sobre aspectos prácticos del cuidado pero jugando un papel fundamental con el acompañamiento en las fases de preingreso, ingreso y adaptación del residente.

Fuente: 20 Minutos.  Nani F. Cores  NOTICIA 11.07.2021 – 09:39H

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